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El parque de Pradolongo es fiesta. Uno de los grandes parques de Madrid en los que infinidad de personas lo habitan, lo viven, lo sienten, lo bailan y lo disfrutan. En la mayoría de los casos de forma informal grupos de amigos y amigas se juntan para hacer danzas caporales, escuchar trap o aprender nuevos pasos de baile. Ante esta realidad, ¿cómo es posible que al buscar Parque de Pradolongo en internet aparezca como el parque más peligroso de Madrid? y por el contrario no se destaque ese uso festivo que tanto desborda a ese espacio público de más 72,5 hectáreas. ¿Generar otros imaginarios en torno al parque no es también una forma más de Imaginar Madrid? ¿Tiene algún potencial pensar que el parque que habitas deje de tener ese estigma de peligroso? El espacio público es un lugar en permanente disputa, en él se dan procesos de negociación, a veces más invisibles y en otras ocasiones con mayor virulencia. Es necesario realizar un ejercicio que atienda a estas realidades e intente revertirlas, generando una serie de dispositivos con los que facilitar procesos de agenciamiento por parte de las comunidades que habitan el espacio.

Porque a la vez que repensamos esos imaginarios, también es posible que pensemos-haciendo la forma que tenemos de habitar el espacio. Frente a visiones más racionalistas sobre los usos del lugar, las fiestas son expresiones de las multitudes, esos lugares de socialización tan necesarios en unos tiempos en los que el individualismo domina nuestras formas de ser y estar en el mundo. Fiestas Raras juega con la idea de facilitar esos espacios de aparición. Pero y lo raro ¿qué tiene que ver aquí? Hablamos de lo raro o desde lo raro como ese lugar extraño y movedizo en el que situarse, es esa otra forma de mirar, de posar la atención y es poner el propio cuerpo y todo lo que eso supone, escapar de lo canónico, atender a los márgenes, a lo periférico, a lo menor; a aquello que no es hegemónico, a esa disidencia que no tiene por qué manifestarse de forma consciente sino que emerge al situarse en ese afuera, en lo que para muchos es raro. En ese lugar hay una potencia.

La hibridación entre lo raro y lo festivo facilita un proceso generativo y no tanto un proceso cerrado con resultados acabados y perfectos. Se propone pensar el espacio público no sólo como un objeto de estudio, en el que a través de una investigación podamos ayudar a repensar ese imaginario, sino a que a la vez que hacemos esto, también hacer con los vecinos y vecinas que habitan el parque una otra fiesta desde la que hablar sobre el malestar contemporáneo. A través de este proyecto buscamos generar una serie de convites al diálogo que transiten en torno a cuestiones como ¿Por qué no generamos espacios festivos desde los que producir pensamiento crítico? ¿Por qué no hacer una Fiesta desde la que problematizar estas y otras muchas cuestiones?

Foto de Laura C Vela

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